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El mago de Oz

Capítulo 18

Desde el primer día

Adentro de la casa roja, Glinda está sentada en una silla grande.

Es joven y bonita. Tiene el pelo rojo y largo, ropa blanca y ojos azules. Y mira a Dorothy como mira una persona buena.

—¿Qué puedo hacer por ti, mi niña?

Dorothy le cuenta todo. El ciclón y la casa. La bruja del este y el camino amarillo. Sus tres amigos. La ciudad verde y la bruja del oeste. El agua. Y el globo que se va sin ella.

Y ahora yo solo quiero ir a casadice—. La tía Em va a pensar que yo estoy muerta. Y entonces va a comprar ropa negra. Y este año el tío Henry no tiene dinero para eso.

Glinda baja de la silla y le da un beso en la cabeza.

Yo te puedo decir cómo se vuelve a Kansasdice—. Pero me tienes que dar el gorro de oro.

—¡Claro que ! —dice Dorothy, y le da el gorro—. A me queda una llamada de tres. Una sola. Y a ya no me da nada. A usted .

Y yo necesito tresdice Glinda, y ríe un poco—. En tus manos queda una. En mis manos, el gorro empieza otra vez.

Después mira al espantapájaros.

—¿Y ? ¿Qué vas a hacer ahora, sin Dorothy?

Yo vuelvo a la ciudad de las esmeraldasdice él—. Oz me deja ahí, y la gente me quiere. Pero el camino es largo.

Mi primera llamada a los monosdice Glinda—. Ellos te llevan a la puerta verde. Esa ciudad no puede perder un hombre así.

—¿Yo soy un hombre así? —pregunta el espantapájaros.

no eres como los otrosdice Glinda—. No hay otro hombre así.

Después mira al hombre de metal.

—¿Y ?

Los winkis me quieren para ellosdice él, con las dos manos en el hacha—. Y a me gustan los winkis. Si vuelvo al oeste, me quedo con ellos para siempre.

Y yo llamo a los monos otra vez, y ellos te llevan al oeste.

Después mira al león.

—¿Y ?

Del otro lado de este bosque hay un bosque más grandedice el león—. Todos los animales de ahí me hacen su rey. Yo quiero volver.

Y llamo una vez más, y los monos te llevan a tu bosque. Y después el gorro de oro es de ellos. Tres llamadas, y ya está. Desde ese día los monos con alas son libres para siempre.

Graciasdicen los tres.

Y entonces Dorothy dice:

Usted es muy buena. Pero todavía no me dice cómo vuelvo a Kansas.

Los zapatos de platadice Glinda—. Los zapatos de plata te llevan por el desierto.

Dorothy se mira los pies.

Esos zapatos tienen magiadice Glinda—. Si sabes qué magia tienen, vuelves a tu casa el primer día.

Dorothy mira a Glinda y no dice nada.

Desde el primer díadice Glinda.

Nadie habla.

Pero entonces yo no tengo esta cabezadice el espantapájaros—. Yo estoy todavía en el campo, arriba de un palo.

Y yo no tengo corazóndice el hombre de metal—. Yo estoy todavía en el bosque, sin moverme, con el hacha arriba.

Y yo soy un león con miedo para siempredice el león—. Y ningún animal del bosque me habla.

Dorothy mira a sus tres amigos.

Entonces está bien asídice—. Pero ahora yo quiero ir a casa.

Los zapatos te llevan a todos los lados del mundodice Glinda—. Tocas un pie con el otro, tres veces, y dices dónde quieres ir.

Dorothy se para.

Le da un beso al león en la cabeza grande. Le da un beso al hombre de metal. Al espantapájaros no le puede dar un beso, porque su cara es de tela. Entonces agarra fuerte a ese hombre de paja con los dos brazos. Y se queda así un rato largo.

El hombre de metal llora.

Llora y llora, y esta vez nadie le pasa la tela a tiempo.

—¡El aceite! —grita el león.

Y no va a haber otra vez.

El espantapájaros saca el aceite de las manos de Dorothy. Le pone aceite en la boca a su amigo. Después le pone el aceite en la mano.

Desde ahora el aceite va contigodice—. Ya no se queda en ninguna casa.

Dorothy levanta a Toto. Ahora el perro está en sus brazos.

Adiósdice—. Adiós a todos.

Después toca un pie con el otro, tres veces.

Yo quiero ir a casa. Quiero ir a Kansas, con la tía Em.

Y en ese momento el viento le pasa por la cara y no ve nada más.

Dorothy cae en la tierra y da vueltas por el campo. Después se sienta y mira.

Hay campo gris en todos lados. Hay una casa nueva, porque el tío Henry hace otra casa después del ciclón. Y el tío Henry está afuera, con los animales.

Toto salta de sus brazos y sale corriendo, y hace ¡GUAU! ¡GUAU! ¡GUAU!

Dorothy se levanta.

Y entonces ve que está sin zapatos.

Arriba del desierto, los zapatos de plata caen de sus pies. Y ahí quedan para siempre.

La puerta de la casa nueva se abre.

—¡Mi niña! —grita la tía Em, y corre por el campo gris con los brazos abiertos—. ¡Mi niña, mi niña! ¿De dónde vienes?

Del país de Ozdice Dorothy—. Y aquí está Toto. Tía Em, ¡qué contenta estoy de estar en mi casa!