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El secreto del reloj viejo

Capítulo 2

El jarrón

La tienda grande de River Heights está llena esa mañana.

Nancy busca un vestido para una fiesta y nadie viene a ayudarla. No le importa. Se sienta en la parte de los vestidos y mira. Mirar a la gente es casi tan bueno como comprar.

Dos chicas hablan fuerte con el hombre de la tienda, cerca de ella.

Hace diez minutos que estamos esperandodice una.

Nancy conoce esa voz. Ada Topham. Al lado de Ada está Isabel, con la cara de siempre.

Hay otras personas antes que ustedesdice el hombre.

Tal vez usted no sabe quiénes somos.

muy bien quiénes son, señorita.

Ada levanta la cabeza y se va para el otro lado sin contestar. Isabel la sigue. Las dos pasan al lado de Nancy y ninguna dice nada. Isabel mueve la cabeza un poco. Ada no mueve nada.

«Muy bien», piensa Nancy. «Yo tampoco

Después pasa todo muy rápido.

Ada camina entre dos mesas largas. En la mesa de un lado hay jarrones grandes, uno al lado del otro. La ropa de Ada toca uno. El jarrón se mueve, espera un momento y cae.

El ruido llena la tienda.

Nancy se levanta. En el suelo hay un jarrón roto en doce partes. Y una chica de la tienda con la boca abierta.

Ada mira el suelo. Se pone roja. Después levanta la cabeza y empieza a caminar.

Señoritadice la chica—. Perdón. Usted tiene que pagar el jarrón.

Ada se da la vuelta.

Yo no lo rompí.

Yo la vi.

Ahora hay gente. El hombre de la tienda llega rápido y la gente se acerca. No hay nada mejor que mirar un problema que no es de uno.

Esta chica dice que yo rompí un jarróndice Ada, fuerte, para todos—. Yo ni estuve cerca de esa mesa. La que lo tiró al suelo fue ella. ¿No es cierto, Isabel?

Es ciertodice Isabel.

Y lo dice sin pensarlo, como quien dice la hora.

El hombre de la tienda mira las partes rotas. Después mira a la chica. Después mira la ropa de las dos hermanas. Nancy le ve la cara y entiende el problema que tiene. Si dice que dos chicas ricas mienten, y ellas dicen que no, él pierde el trabajo hoy.

La chica de la tienda no dice nada más, porque sabe que una palabra más y se queda sin trabajo. Tiene las manos juntas y no las mueve.

«Ella tampoco puede pagar cincuenta dólares», piensa Nancy. «Y si pierde el trabajo, no come

El hombre abre la boca. Nancy sabe qué va a decir.

Entonces da un paso.

Eso no es cierto, señorita Tophamdice, despacio y claro—. La chica no rompió nada. Yo lo vi.

Todos se dan la vuelta.

—¿Y a ti quién te llamó? —dice Ada.

Nadie. Pero usted no va a decir que ella hizo una cosa que no hizo.

—¿Usted vio lo que pasó, señorita? —pregunta el hombre.

. La señorita Topham pasó al lado de la mesa y la ropa tocó el jarrón.

Nadie dice nada. El silencio es muy largo para una tienda llena.

Ya está biendice Ada—. ¿Cuánto quiere por su jarrón viejo?

El hombre mira una hoja.

Cincuenta dólares.

—¡Cincuenta dólares! No los pienso pagar.

El jarrón viene de Italia, señorita. Cincuenta dólares.

—¿Usted sabe quién soy yo?

Todo el pueblo sabe quiénes son los Tophamdice el hombre, cansado—. Si usted no paga, llamo a la policía.

Usted no va a hacer eso.

Lo hago ahora mismo.

Isabel le habla a Ada al oído. Ada escucha, y la cara le cambia despacio.

Está biendice por fin—. Voy a pagar.

Escribe un papel del banco. Firma con letra grande y despacio, con la mano bien abierta. Toda la tienda la mira firmar. Si va a pagar delante de veinte personas, las veinte lo van a ver bien.

Después se da la vuelta hacia Nancy.

Esto no termina aquídice—. Lo vas a pagar.

Y sale con Isabel atrás.

La chica de la tienda respira por primera vez en cinco minutos.

Graciasdice—. No sabe lo que hizo. Yo no tenía cómo pagar ese jarrón. Y si usted no habla, hoy me quedo sin trabajo.

Vi lo que pasódice Nancy—. Nada más.

Me llamo Ruth.

Nancy Drew.

Ruth junta las partes grandes y las pone en una bolsa, despacio. Después mira la puerta por donde salieron las dos hermanas.

Usted ahora tiene dos enemigasdice.

Nunca fueron amigas.

Son peores que eso. —Ruth baja la voz—. Señorita Drew, esas dos ya están contando un dinero que no es de ellas. La semana pasada a la señorita Ada: «Vamos a tener todo. Los abogados terminan pronto

Ya .

Hay más. —Ruth mira para los dos lados—. Están contando el dinero, . Pero tienen miedo. Alguien puede llegar con otro testamento, y ellas lo saben. Lo hablan entre las dos y lo hablan fuerte, y una tienda tiene oídos.

Nancy no se mueve.

Su padre le dijo que no hay nada. Nada que hacer, nada que buscar, nada que encontrar. Y aquí está una chica de una tienda, con las manos llenas de partes rotas, dándole la primera pista.

Una pista es poca cosa. Pero sin una pista, un caso es una pared sin puerta.

«Los Topham tienen miedo», piensa Nancy. «Y nadie tiene miedo de un papel que no está en ningún lado

Sale a la calle sin el vestido.