Capítulo 2
Dilo otra vez
La flecha pasa muy cerca de la cabeza de Robin. La punta de la flecha casi le toca la oreja. ¡PLOC! La flecha negra entra en un árbol, delante de Robin.
Robin deja de caminar. Mira la flecha en el árbol. Después, despacio, mira hacia atrás.
Detrás de él, al lado del árbol grande, está el primer hombre. Tiene el arco en la mano. Ese hombre bebe mucho, y no ve bien. Por eso su flecha no le da a Robin. Pero ahora el hombre pone otra flecha en su arco.
Robin es más rápido. Toma una flecha, y en un momento la flecha está en su arco.
—¡Tú dices que no soy un arquero! —grita Robin—. ¡Dilo otra vez!
Robin suelta la flecha. La flecha de Robin le da al hombre en el brazo. El hombre grita y cae. Su arco cae también, y sus flechas caen a su lado.
Los otros hombres corren hacia el primer hombre. Robin mira un momento. El hombre está en la tierra, y no se levanta.
Entonces Robin corre. Corre hacia el bosque, entre los árboles, lejos del camino. Unos hombres corren detrás de él. Pero paran pronto, porque tienen miedo de las flechas de Robin.
Robin corre mucho tiempo. Cuando para, está en el medio del bosque de Sherwood, y no hay nadie. Solo hay árboles y silencio.
Robin tiene miedo, mucho miedo. Lejos, en el camino, hay un hombre con una flecha de Robin en el brazo. Y ese hombre no se levanta.
«¿Está vivo ese hombre?», piensa Robin. «¿O está muerto?»
Robin no sabe.
Se sienta debajo de un árbol y se mira las manos. Son las manos de un arquero. Pero hoy esas manos le dan miedo.
«¿Por qué?», piensa. «¿Por qué esa flecha? ¿Por qué ese camino, y esos hombres?»
Pero una flecha que sale del arco ya no vuelve. Robin no puede cambiar nada.
Esa tarde, en Nottingham, los hombres del rey llevan al primer hombre al castillo del Sheriff. El hombre está vivo. Tiene la flecha de Robin en el brazo, y grita mucho.
El Sheriff de Nottingham sale de su castillo. Es un hombre rico, con ropa muy bonita. El Sheriff mira al hombre de la flecha, y se pone blanco. ¡Ese hombre es de la familia del Sheriff!
—¿De quién es esta flecha? —grita el Sheriff.
—Es de un chico de Locksley, señor —dice un hombre del rey—. Se llama Robin. Robin Hood. En el camino hay un ciervo muerto. Es un ciervo del rey, y tiene una flecha de Robin Hood. Y aquí está otra flecha de Robin, en el brazo de este hombre.
El Sheriff está muy enojado.
—Desde hoy —dice el Sheriff—, Robin Hood es un forajido. Un forajido no tiene casa. Un forajido no puede volver a su pueblo. Todos pueden agarrar a un forajido. El rey da mucho dinero por Robin Hood. Y el hombre que trae a Robin Hood a mi castillo gana ese dinero.
«¡Un hombre de mi familia, con una flecha en el brazo!», piensa el Sheriff. Después piensa en el dinero del rey. «Ese dinero va a ser para mí.»
—Yo voy a agarrar a Robin Hood —dice el Sheriff—. Yo.
En el bosque de Sherwood ya es de noche. Robin está solo debajo de su árbol. Tiene frío y tiene hambre.
Robin lleva un cuerno pequeño. En el bosque, un hombre toca el cuerno para llamar a sus amigos. Los amigos oyen el cuerno y vienen. Robin tiene el cuerno en la mano. Pero no toca el cuerno. ¿Para qué? Aquí nadie va a venir.
«No puedo volver a Locksley», piensa Robin. «Ya no tengo casa. Ya no tengo amigos.»
Robin Hood está solo.
Entonces, en la noche, algo se mueve entre los árboles. Alguien camina. Alguien viene hacia Robin.
Robin agarra su arco.
—¿Quién está ahí?