Wikowí
Azabache

Capítulo 1

El campo verde

Soy un caballo. Esta es mi vida.

El primer lugar que recuerdo es un campo verde y grande. Hay agua clara en el medio. Ahí vivo con mi madre.

Mi madre es una yegua negra. Se llama Duquesa y es la yegua más grande del campo. Todas las mañanas se va a trabajar, porque el amo necesita ir al pueblo. Todas las tardes vuelve.

El amo es un hombre viejo y bueno. Nos da comida buena y nos habla despacio, como les habla a sus hijos. Cuando mi madre ve al amo en la puerta del campo, va hacia él contenta. Él le toca la cara y dice:

Buenos días, Duquesa. ¿Y tu Negrito, cómo está?

Yo soy Negrito. Soy negro, todo negro, menos dos cosas: tengo una pata blanca y tengo una estrella blanca en la cara. Un día miro el agua y veo mi estrella por primera vez. Es pequeña y está entre mis dos ojos. Mi madre dice que mi padre también tiene una estrella así. A esa estrella me gusta.

En el campo hay otros seis caballos pequeños. Todos son más grandes que yo. Corremos juntos, damos vueltas, jugamos. Pero a veces el juego se pone feo, porque muerden y dan golpes con las patas.

Un día hay muchos golpes. Mi madre me llama.

Ven aquídice—. Quiero decirte una cosa.

Voy y me quedo a su lado.

Esos caballos no son malosdice—. Pero nadie cuida de ellos. El amo nos cuida a ti y a . Por eso ellos muerden y nosotros no. Tu padre tiene un buen nombre en esta tierra. Y nunca me ves morder.

Nodigo yo.

Entonces mi madre dice las palabras que voy a recordar toda mi vida:

bueno y trabaja con ganas. Levanta bien las patas cuando corres. Un caballo bueno no muerde y no da golpes, ni jugando.

No digo nada. Pero esas palabras no se van.

Mi madre es una yegua vieja y sabe mucho. El amo quiere a Duquesa más que a ningún otro caballo. Aquí estamos bien.

Hay un chico que viene al campo. Se llama Dick. Viene por la comida de los árboles. Cuando ya tiene todo lo que quiere, nos tira piedras para vernos correr. A nosotros no nos importa mucho, porque corremos y ya. Pero un día una piedra me da en la pata y me duele mucho.

Esa mañana el amo está en el otro campo. Dick no sabe que el amo está cerca.

El amo salta la puerta. Agarra a Dick del brazo y le da un golpe fuerte en la oreja.

—¡Niño malo! —dice—. Los caballos no son para eso. Toma tu dinero y vete a tu casa. Aquí no trabajas más.

Y nunca más vemos a Dick.

Ahora tengo casi dos años. Es temprano y hace frío, y hay agua en el campo. Estoy comiendo abajo, cerca del río, con los otros.

Entonces el caballo más viejo levanta la cabeza y levanta las orejas.

Los perrosdice.

Lejos, muy lejos, se oye algo. Son perros. Muchos perros.

Y los perros vienen hacia nosotros.