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Canción de Navidad

Capítulo 1

Marley está muerto

Marley está muerto. Hay que saber eso antes de empezar. Si no, nada de esta noche va a parecer extraño.

Murió hace siete años, un veinticuatro de diciembre. Ebenezer Scrooge puso su nombre en los papeles del entierro. Scrooge era su socio en el negocio. Era también su único amigo. Y ese mismo día Scrooge trabajó toda la tarde, como todos los días.

Siete años después, los dos nombres siguen sobre la puerta de la oficina:

SCROOGE Y MARLEY

Scrooge nunca quitó el nombre de su socio. A veces la gente nueva lo llama Scrooge y a veces Marley. A él le da igual. Contesta a los dos.

Ebenezer Scrooge es un hombre duro. Duro como una piedra y frío como el viento de diciembre. El frío vive dentro de él y no sale nunca. Le deja la voz seca y la cara gris. Scrooge no cambia ni en verano ni en Navidad.

Nadie lo para en la calle para decirle: «Querido Scrooge, ¿cómo está? ¿Cuándo viene a mi casa?». Ningún pobre le pide una moneda. Ningún niño le pregunta la hora. Hasta los perros lo conocen. Al verlo, llevan a sus dueños al otro lado de la calle.

¿Y a Scrooge? A Scrooge le gusta así.

Es la tarde del veinticuatro de diciembre. Los relojes de la ciudad dan las tres y ya está oscuro. Hace un frío que corta. La niebla entra por debajo de las puertas y por las ventanas.

La oficina de Scrooge tiene dos cuartos. En el grande trabaja Scrooge. En el pequeño trabaja su empleado. Scrooge deja la puerta abierta para mirarlo desde su silla.

El empleado se llama Bob Cratchit y escribe números todo el día. Scrooge tiene un fuego pequeño. El fuego de Bob es tan pequeño que parece un solo carbón. Y Bob no puede poner más, porque el carbón está en el cuarto de Scrooge. Una vez fue a buscarlo. Scrooge lo miró de una manera que quería decir: «Otra vez, y te vas a la calle». Así que Bob no dice nada. Tiene las manos frías y sigue escribiendo.

—¡Feliz Navidad, tío! —dice una voz alegre.

Es Fred, el sobrino de Scrooge, con la cara roja del frío.

—¡Bah! —dice Scrooge—. ¡Paparruchas!

—¿La Navidad, paparruchas? —Fred se ríe—. No lo dices en serio, tío.

que lo digo. ¿Feliz Navidad? ¿Por qué vas a estar feliz? Eres pobre.

—¿Y por qué vas a estar triste ? Eres rico.

Scrooge no encuentra otra respuesta, así que dice otra vez:

—¡Bah! Paparruchas.

Tranquilo, tío.

—¿Cómo voy a estar tranquilo, si vivo en un mundo de tontos? ¿Feliz Navidad? ¿Qué es la Navidad para ti? Es pagar lo que debes sin tener dinero. Es tener un año más y ni una hora más de buena vida. A los que andan diciendo «feliz Navidad» los meto yo en una olla, con su cena y todo.

—¡Tío!

Sobrino. celebra la Navidad a tu manera y déjame a celebrarla a la mía.

—¿Celebrarla? Pero no la celebras.

Entonces déjame no celebrarla. ¡A ti no te ha servido de mucho!

Hay cosas buenas que no dan dinero, tío, y la Navidad es una de ellasdice Fred—. Es el único día del año en que la gente abre el corazón. Es el día en que la gente mira a los pobres y ve personas, y no animales. Por eso me hace bien, y me va a hacer bien siempre.

Bob Cratchit dice que con la cabeza, sin pensar. Después se queda quieto y mira el fuego.

Un ruido más de usteddice Scrooge sin volver la caray pasa la Navidad sin trabajo. —Y a su sobrino—: Hablas muy bien.

No te enojes, tío. ¡Anda! Ven a cenar mañana con nosotros.

Scrooge dice que no. Lo dice de mala manera.

—¿Pero por qué? —dice Fred—. ¿Por qué?

—¿Por qué te casaste?

Porque quiero a mi mujer.

—¡Porque quieres a tu mujer! —dice Scrooge—. Buenas tardes.

Tío, nunca viniste a verme, ni antes de casarme. ¿Por qué lo dices ahora, si antes tampoco venías?

Buenas tardes.

No quiero nada de ti. No te pido nada. ¿Por qué no podemos ser amigos?

Buenas tardes.

Fred no se enoja. Antes de salir pasa por el cuarto pequeño. Le dice feliz Navidad a Bob Cratchit. Y Bob le dice lo mismo. Bob tiene frío por fuera, pero por dentro no.

Ahí va otrodice Scrooge en voz alta—. Mi empleado. Quince chelines a la semana, mujer e hijos, y habla de una feliz Navidad.

Entonces entran dos señores. Traen papeles en la mano y sonríen.

—¿Scrooge y Marley? —dice uno, mirando su lista—. ¿Hablo con el señor Scrooge o con el señor Marley?

El señor Marley está muertodice Scrooge—. Murió hace siete años, esta misma noche.

Entonces usted va a dar dinero por los dos, segurodice el señor.

Scrooge no sonríe.

En estos días, señor Scrooge, hay que hacer algo por los pobres. Miles de personas no tienen comida. Cientos de miles no tienen fuego ni una manta.

—¿No hay cárceles? —pregunta Scrooge.

Cárceles hay muchasdice el señor.

—¿Y los asilos? ¿Siguen abiertos?

Siguen abiertos. Y no me gusta decirlo.

Menos maldice Scrooge—. Por un momento pensé que estaban cerrados.

Nosotros pedimos dinero para los pobres. Les compramos algo de comer y algo de carbón. Venimos estos días porque son los días de más hambre. ¿Cuánto le ponemos, señor?

Nada.

—¿Quiere usted dar sin decir su nombre?

Ustedes me preguntan qué quiero. Quiero estar solo. Yo no celebro la Navidad. Y no voy a pagarles la fiesta a los que no trabajan. Ya pago las cárceles y los asilos, y cuestan bastante. El que está mal, que vaya allí.

Muchos no pueden ir. Y muchos prefieren morir.

Si prefieren morirdice Scrooge—, mejor. Así hay menos gente.

Y vuelve a sus números.

Los dos señores se miran. Después guardan los papeles y salen sin decir nada más. Afuera, la niebla se cierra detrás de ellos como una puerta.