Capítulo 10
Oz, el grande y terrible
Por la mañana el hombre de los lentes lleva a Dorothy a la casa de Oz. Pasan por cuartos verdes y más cuartos verdes. Después el hombre abre una puerta y Dorothy entra sola.
El cuarto es muy grande y muy alto, y todo verde. En el medio hay una silla grande.
Y arriba de la silla hay una cabeza.
Una cabeza sola, sin cuerpo, sin brazos, sin piernas. Es más grande que Dorothy. No tiene pelo, pero tiene ojos, nariz y boca.
Dorothy tiene mucho miedo. Toto también, y se queda detrás de ella.
Entonces los ojos de la cabeza se mueven, y la boca se abre.
—Yo soy Oz, el grande y terrible —dice la cabeza—. ¿Quién eres tú, y qué quieres?
—Yo soy Dorothy, la pequeña. Quiero ir a casa. Quiero ir a Kansas, con la tía Em.
Los ojos miran a Dorothy un rato largo.
—¿De dónde son esos zapatos de plata? —pregunta la cabeza.
—De la bruja mala del este. Mi casa cae arriba de ella.
—¿Y qué tienes ahí, en la cabeza?
—Un beso de la bruja buena del norte.
La cabeza no dice nada por un momento.
—Yo te puedo llevar a Kansas —dice después—. Pero primero tú tienes que hacer una cosa por mí. En este país todavía hay una bruja mala. Mata a la bruja mala del oeste.
—¡Pero yo nunca mato nada! —dice Dorothy.
—Entonces nunca vas a ver a la tía Em. Ahora vete.
Dorothy sale y llora, porque ahora tiene que matar a una bruja. Sus amigos esperan afuera.
Al otro día entra el espantapájaros.
Arriba de la silla grande no hay ninguna cabeza. Hay una mujer muy bonita, con ropa verde. Tiene dos alas verdes, y las alas se mueven un poco.
—Yo soy Oz, el grande y terrible —dice la mujer—. ¿Quién eres tú, y qué quieres?
—Yo soy un hombre de paja. Quiero una cabeza que piensa.
—Primero mata a la bruja mala del oeste. Después hablamos.
Al otro día entra el hombre de metal.
Arriba de la silla no hay ninguna mujer. Hay un animal terrible, con cinco ojos, cinco brazos largos y cinco piernas largas. Tiene pelo en todo el cuerpo.
—Yo soy Oz, el grande y terrible —dice el animal—. ¿Quién eres tú, y qué quieres?
—Yo soy un hombre de metal, y no tengo corazón. Quiero un corazón.
—Primero mata a la bruja mala del oeste. Después hablamos.
Al otro día entra el león.
Arriba de la silla no hay ningún animal. Hay fuego. Solo fuego. Y el fuego habla.
—Yo soy Oz, el grande y terrible. ¿Quién eres tú, y qué quieres?
El león quiere hablar. Pero el fuego es tan grande que casi no le sale la voz.
—Yo soy un león con miedo. Quiero ser valiente.
—Primero mata a la bruja mala del oeste. Después hablamos.
El león no habla más hasta la noche, porque ese fuego le habla en la cara.
Esa noche los cuatro se sientan juntos en un cuarto verde. Y ahí pasa una cosa que ninguno espera. Los cuatro ven a Oz, y ninguno ve lo mismo.
—Una cabeza sola, muy grande, sin cuerpo —dice Dorothy.
—Una mujer bonita, con alas —dice el espantapájaros.
—Un animal con cinco ojos —dice el hombre de metal.
—Fuego —dice el león—. Solo fuego.
Nadie dice nada por un momento.
—A mí me dice una cosa —dice después el espantapájaros—. Y me dice así: «Primero mata a la bruja mala del oeste. Después hablamos.»
El hombre de metal levanta la cabeza. El león también. A ellos dos Oz les dice lo mismo, palabra por palabra.
—A mí me dice otra cosa —dice Dorothy—. Que sin eso nunca voy a ver a la tía Em.
Cuatro caras y una sola cosa. El espantapájaros mira para abajo y piensa, o hace como que piensa.
—No me gusta —dice después.
—A mí no me gusta nada —dice Dorothy—. Yo no quiero matar a nadie. Ni a una bruja mala.
—Pero sin eso, tú no vuelves a Kansas —dice el hombre de metal—. Y esa bruja no se muere sola. Y yo no tengo corazón. Y él no tiene una cabeza que piensa. Y el león nunca va a ser valiente.
—Entonces vamos —dice el león, muy bajo.
—Sí —dice Dorothy—. Vamos.
Por la mañana el hombre de los lentes abre la puerta grande de la ciudad. Antes de abrir les saca los lentes a todos. A Toto también, con la llave pequeña. Esos lentes son solo para la ciudad.
—¿Qué camino va al oeste? —pregunta Dorothy.
—No hay camino —dice el hombre—. Nadie quiere ir a esa parte del país.
—¿Y entonces cómo llegamos?
—Ustedes caminan al oeste, y ya está —dice el hombre de los lentes. No mira a nadie a los ojos—. La bruja tiene un ojo que ve muy lejos. Esa bruja va a saber que ustedes vienen.
La puerta verde se cierra detrás de ellos.
Y los cuatro caminan hacia el oeste.