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El mago de Oz

Capítulo 13

El agua

Un día la bruja piensa una cosa mala, y esa cosa le sale bien.

Pone un palo de metal en el medio de la cocina. Después le pone magia al palo, y el palo ya no se ve. Está ahí, en la tierra, pero nadie puede ver ese palo.

Dorothy pasa por la cocina con las manos llenas. No mira abajo, porque no hay nada que mirar.

Y se cae.

No se hace nada. Pero al caer, pierde un zapato de plata. Dorothy va a agarrar ese zapato. Pero la bruja llega primero. Y en un momento el zapato de plata está en el pie de la bruja.

La bruja está muy contenta. Con un zapato ya tiene una parte de esa magia. Y con la otra parte Dorothy ya no puede hacer nada contra ella.

—¡Ese zapato es mío! —dice Dorothy—. ¡Es mío!

Nodice la bruja—. Ahora es mío.

—¡Usted es mala! ¡Ese zapato no es suyo!

Es míodice la bruja, y ríe—. Y un día voy a tener el otro también.

Entonces pasa una cosa que no pasa nunca.

Dorothy tiene una casa gris, una tía que no ríe y un perro negro. Dorothy no grita nunca. Y no mata nada, nunca.

Pero ahora Dorothy está enojada. Muy enojada. Y esa niña no sabe qué hacer con eso.

Al lado de ella, en la cocina, hay un balde con agua.

Dorothy agarra el balde con las dos manos. Y le tira toda el agua a la bruja.

La bruja grita.

Es un grito largo y muy alto. Después el grito se hace pequeño. Después se hace más pequeño todavía.

Porque la bruja también se hace pequeña.

—¡Mira lo que haces! —grita—. ¡En un momento no voy a estar!

Dorothy mira, y no comprende, y tiene miedo de lo que ve.

Lo sientodice—. Lo siento mucho.

—¿ no sabes que el agua es mi fin? —dice la bruja, y la voz ya casi no se oye.

Nodice Dorothy—. ¿Cómo voy a saber eso?

Bueno. En un momento esta casa es tuya. Yo soy mala, muy mala, pero nunca pienso que una niña como Ya me voy.

Y ya no hay bruja.

En la tierra de la cocina hay agua, y nada más.

Dorothy se queda de pie un rato largo, con el balde vacío en las manos. Después va y saca más agua, y lava la cocina, y saca todo por la puerta.

En el agua queda el zapato de plata. Dorothy saca el zapato y pasa un poco de tela por el zapato. Después se pone el zapato otra vez.

Dos zapatos otra vez.

Después sale corriendo al lugar cerrado con palos de metal.

—¡Ya está! —le grita al león—. ¡La bruja mala del oeste ya no está!

El león se levanta despacio. Mira a la niña y no dice nada por un momento.

—¿Y quién…?

Yodice Dorothy.

Y entonces se sienta en la tierra, al lado del león, y llora.

No llora porque está triste. Llora porque hoy hace la cosa que dice que no va a hacer nunca. Ahora esa cosa está hecha, y no se puede volver atrás.

El león pone la cabeza grande al lado de ella y espera.

Afuera, en toda la casa de piedra, los winkis amarillos empiezan a gritar. Pero no gritan de miedo.

Es otra cosa.