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El mago de Oz

Capítulo 9

La ciudad de las esmeraldas

Ahora el camino amarillo está bien y se camina rápido. A los dos lados hay campos verdes y casas verdes. La gente de aquí lleva ropa verde y sale a las puertas a mirar. Pero nadie habla con ellos. Todos tienen miedo del león.

Por la tarde Dorothy toca la puerta de una casa grande.

—¿Qué quieres, niña? ¿Y por qué está ese león contigo? —dice la mujer que abre.

Es mi amigo. Y tiene más miedo de usted que usted de él.

La mujer piensa, y después deja entrar a los cuatro. Adentro hay dos niños y un hombre con una pierna mala.

—¿Para dónde van? —pregunta el hombre.

A ver al mago Oz.

—¿A Oz? —dice el hombre—. Yo voy muchas veces a la ciudad de las esmeraldas. Pero yo nunca veo a Oz. Y la gente que yo conozco no ve a Oz.

—¿Oz no sale nunca? —pregunta el espantapájaros.

Nunca. Está todo el día en el cuarto grande de su casa. Hasta la gente que trabaja para él habla con Oz sin verle la cara.

—¿Y cómo es Oz? —pregunta Dorothy.

Eso es difícil. Oz es un mago, y un mago puede ser lo que quiere. Unos dicen que es un pájaro. Otros dicen que es un animal muy grande. Otros dicen que es una mujer bonita. Quién es Oz de verdad, eso nadie puede decir.

Esa noche comen bien y duermen bien. Por la mañana caminan otra vez. Esa cosa verde y clara del cielo es cada vez más grande.

Por la tarde llegan.

La ciudad está cerrada, toda verde y muy alta, y tiene una sola puerta. Esa puerta está donde el camino amarillo se acaba, y tiene esmeraldas. Con el sol, el verde es tan fuerte que hasta el espantapájaros cierra los ojos.

Al lado de la puerta hay una cosa verde para llamar. Dorothy pone la mano ahí, y adentro se oye un ruido pequeño.

La puerta se abre.

Adentro hay un cuarto verde y un hombre pequeño. Es verde de la cabeza a los pies, y hasta la cara es un poco verde. Al lado de él hay una cosa grande y verde, con dos puertas.

—¿Qué quieren en la ciudad de las esmeraldas? —pregunta.

Queremos ver al mago Ozdice Dorothy.

El hombre se sienta, porque no comprende.

Hace muchos años que nadie me pide eso. Oz es grande y terrible. Si ustedes vienen por una cosa pequeña, es malo para ustedes.

No es una cosa pequeñadice el espantapájaros—. Es importante.

Bueno. Yo cuido esta puerta. Por eso yo llevo a los cuatro a la casa de Oz. Pero primero, los lentes.

—¿Por qué? —pregunta Dorothy.

Porque en esta ciudad todo es muy verde y muy claro. Eso hace mal a los ojos. Aquí la gente lleva los lentes de día y de noche. Oz quiere eso, desde el primer día de la ciudad.

Abre la cosa verde. Adentro hay lentes grandes y lentes pequeños, y todos son verdes.

El hombre les pone lentes a todos. A Dorothy, al espantapájaros, al hombre de metal, al león, y también a Toto. Los lentes se cierran atrás de la cabeza con una llave pequeña. Esa llave es de él, y en la ciudad no hay otra llave.

Dorothy no se puede sacar los lentes. Pero no dice nada. Sin lentes, una ciudad tan clara hace mal a los ojos.

Después el hombre de los lentes se pone los suyos y abre la otra puerta.

Y la ciudad está adentro.

Todo es verde. Las casas, las calles, la gente, y hasta el dinero. En las calles no hay animales grandes. Los hombres llevan carros pequeños con las manos.

En el medio de la ciudad está la casa de Oz. Es la más grande y la más verde de todas.

Ustedes esperan aquídice el hombre de los lentes—. Yo hablo con Oz.

Y entra.

Vuelve después de mucho tiempo.

Oz va a ver a los cuatrodice—. Pero uno por día. Hoy no. Mañana, la niña. Después, cada uno en su día.

Graciasdice Dorothy.

Todavía no es hora de dar las gracias.

Una cosadice el espantapájaros—. ¿Usted ve la cara de Oz?

El hombre de los lentes no dice nada por un momento.

No. Yo hablo con Oz, pero Oz está detrás de una tela. Yo hablo con la tela.

—¿Y qué hay del otro lado de la tela?

Ozdice el hombre—. Oz quiere eso, y yo no pregunto más.

Esa noche duermen en cuartos verdes, en camas verdes, con los lentes verdes en la cara. Dorothy no se puede sacar los lentes ni para dormir.

Mañana ella entra.