Capítulo 1
Medianoche
—No es justo —dice Nancy Drew.
Su padre no contesta. Está leyendo el periódico abajo de la luz y no oye nada.
Nancy pone las dos manos en la mesa y espera. Después se acerca y le toca la oreja con un dedo.
—Perdón —dice Carson Drew—. ¿Qué cosa no es justa?
—Los Topham. Todo el dinero del señor Crowley va para los Topham. Todo.
Su padre dobla el periódico despacio. Nancy conoce eso. Su padre no dobla nada despacio si va a hablar dos minutos y nada más.
—Un testamento es un papel que decide —dice él—. Josiah Crowley escribió el suyo hace tres años, y en ese papel dice «los Topham». No hay más.
—¿Y no se puede hacer nada?
—Nada.
Su madre se murió hace seis años, cuando Nancy tenía diez años, y desde entonces la casa es de ella. Por eso su padre le habla de igual a igual, a las doce de la noche.
Nancy no dice nada por un momento, porque está pensando en el señor Crowley. Lo vio muchas veces en la calle. Un viejo flaco. Ropa grande y vieja. Los ojos siempre en el suelo. Nunca hablaron.
—Papá, ¿tú sabes cuánto tenía?
—Mucho.
—¿Cuánto es mucho?
Carson Drew se ríe.
—Tenía la casa vieja. Tenía tierra en dos pueblos. Tenía papeles del banco, y esos papeles son la parte grande. —Espera un momento—. Tenía una fortuna, Nancy. Ésa es la palabra.
—Y los Topham se quedan con la fortuna.
—Con toda.
Nancy piensa en los cuatro. Richard Topham ganó su dinero en la bolsa. Cora Topham sabe quién es importante en el pueblo y quién no. Isabel y Ada van a su escuela.
«Y ahora van a tener más», piensa Nancy. «Y el pueblo va a quedar chico para las dos.»
—Papá, ellos lo trataron mal.
—Sí.
—No, escucha. Antes de los Topham, el señor Crowley vivió con otras personas. Con parientes pobres. Cada domingo durante cuatro años, papá. Le dieron de comer y ellos casi no tenían nada. Y él lo vio, y lo dijo en voz alta.
—Eso dice la gente.
—Eso dice todo el mundo.
Carson Drew mira el fuego. Es lo que hace cuando su hija tiene razón.
—Lo trataron como a un rey hasta el día que escribió el testamento —dice Nancy—. Y al otro día lo trataron como a un perro. La gente dice que se murió para no oírlos más.
—La gente dice muchas cosas.
—Pero esta vez la gente tiene razón.
Su padre no dice que no.
—Nancy, yo soy abogado. Un abogado trabaja con lo que está escrito. —Empuja unos papeles por la mesa, hacia ella—. No es mi caso y no lo va a ser. Pero lee eso.
Nancy lo lee. Son tres hojas de un caso que no va a ningún lado. Los otros parientes pidieron una parte del dinero. No la van a recibir, porque no tienen con qué pagar un abogado.
—Son pobres —dice ella.
—Son pobres. Ésa es la parte legal de la historia y no hay otra parte.
—Papá, ¿es justo?
—No. —Carson Drew la mira—. No es justo. Es legal. Son dos palabras distintas, Nancy. No son lo mismo.
En la casa, el reloj grande empieza a dar las horas. Ninguno de los dos lo mira. Doce golpes, despacio. El padre y la hija se miran por encima de la mesa.
—Hay algo más —dice Nancy cuando el reloj termina—. Antes de morirse, él quiso decirle algo al doctor.
—Sí.
—Y nadie entendió las palabras.
—Nadie. Estaba muy enfermo. Casi no tenía voz.
—¿Y si estaba tratando de decir dónde está el otro testamento?
Su padre mira el fuego otra vez. Después habla.
—Hace casi un año lo vi entrar al banco de River Heights con otro abogado. No quise escuchar, pero los oí. Estaban hablando de un testamento.
Nancy levanta la cabeza.
—Entonces sí lo escribió.
—Entonces tal vez pensó en escribirlo. No es lo mismo.
—Papá.
—Nancy, si lo escribió, lo escondió. Y si lo escondió, nadie lo va a encontrar nunca.
—¿Dónde esconde un hombre un papel así?
—En un lugar seguro —dice Carson Drew, como quien no cree en nada—. Ésa es toda la respuesta que vas a tener. Los Topham lo van a buscar también. Y ellos tienen dinero. Si lo encuentran primero, ese papel se termina.
Nancy piensa en eso.
—Hay dos chicas —dice su padre— que viven en el camino del río. Cuando eran chicas, Crowley las quiso mucho. Ellas tenían que recibir algo.
—¿Y no recibieron nada?
—Nada.
Nancy se levanta. Camina hasta la ventana y mira la calle vacía. Atrás de ella, su padre espera. Él conoce ese silencio.
—Vas detrás de las cosas como un detective —dice Carson Drew.
—Alguien tiene que ir.
—Alguien, sí. Nunca dije que fueras tú.
Nancy se da la vuelta y le sonríe.
—Papá. Hay un papel que dice «los Topham». Y hay un hombre que se murió tratando de decir algo. Uno de los dos no dice la verdad.
—Un papel no miente, Nancy.
—Entonces hay que encontrar el otro.