Capítulo 1
Un tiro muy largo
—¡Allí! —dice Much en voz baja—. ¡Al lado del río!
Tres ciervos beben agua entre los árboles. Son grandes y bonitos, y no ven a los hombres de verde.
Es una mañana de verano en el bosque de Sherwood. Robin Hood y sus hombres esperan detrás de los árboles, sin hacer ruido, con el arco en la mano. Robin es el jefe de estos hombres. Todos viven en el bosque, y el Sheriff de Nottingham los busca día y noche. Pero hoy el Sheriff está lejos, y los hombres tienen hambre.
Will Escarlata tira primero. Su flecha va rápido entre los árboles, y un ciervo cae.
—¡Muy bien, Will! —dice Robin.
Después tira Much, y cae otro ciervo. Ahora queda un solo ciervo. Levanta la cabeza, ve a los hombres y corre. Corre rápido, muy rápido, hacia el otro lado del bosque.
—Ese ya no —dice Much—. Está muy lejos.
Juan el Pequeño no dice nada. Juan es el hombre más grande de Sherwood, tan grande como un árbol. Por eso todos lo llaman «el Pequeño». Juan pone una flecha en su arco. Mira al ciervo un momento. Y tira.
La flecha sube entre los árboles. Va lejos, muy lejos. Todos la miran. Y allí, al otro lado del bosque, el último ciervo cae.
Nadie habla. Después, todos gritan a la vez.
—¡Qué tiro! —grita Much—. ¿Viste eso, Will? ¿Lo viste?
Robin Hood se ríe, muy contento, y le da a Juan unos golpes en la espalda.
—¡Juan, en toda Inglaterra nadie tira como tú! —dice Robin—. Y no hay hombres como mis hombres. ¿Quién tira mejor que nosotros? ¡Nadie!
Pero Will Escarlata también se ríe. Se ríe tanto que tiene que sentarse en la tierra.
—¿Nadie, jefe? —dice Will—. Yo conozco a un hombre mejor que Juan.
—¿Quién? —dice Robin.
—Un fraile.
Los hombres se miran. Después se ríen todos.
—¿Un fraile? —dice Much—. ¿Un hombre de la iglesia, con ropa larga, que canta todo el día?
—Sí, un fraile —dice Will—. El fraile de Fountain Dale. Vive solo, en una casa pequeña, lejos de aquí. Yo lo conozco. Ese fraile es mejor que Juan. Mejor que Much. Mejor que yo. —Will mira a Robin, y sonríe—. Y mejor que tú, jefe.
Ahora Robin ya no se ríe. A Robin no le gusta oír que hay un hombre mejor que él.
—Entonces voy a ver a ese fraile —dice Robin—. Hoy. Y no voy a comer nada, y no voy a beber nada, hasta ver a ese fraile con mis ojos. Lo prometo.
—¿Nada? —dice Much, con los ojos muy abiertos—. ¿Ni un poco de pan?
—Nada.
—Jefe —dice Juan—, esta noche hay carne de ciervo. Mucha carne.
—Lo prometo, Juan.
—¡Ay, pobre jefe! —dice Will—. Prometes muy rápido.
Robin se pone su mejor ropa, la ropa verde más bonita de todo Sherwood. Y con él van tres hombres: Juan, Will y Much. Los otros hombres se quedan en el bosque.
Will va primero, porque conoce el camino. Los cuatro hombres caminan muchas horas. Pasan por caminos llenos de sol y por el bosque verde. A la hora de comer, Will saca un pan grande y come. Juan y Much comen también.
Robin mira el pan. No dice nada.
—¿Un poco, jefe? —dice Will, y pone el pan delante de la cara de Robin.
—No, gracias.
Por la tarde hace mucho calor. Robin tiene mucha sed, y está cansado. Pero cada vez que Will saca el pan, Robin mira hacia otro lado.
Por fin llegan a un río grande y lento. Al lado del río hay un camino, y detrás del camino, muchos árboles. No hay nadie. Solo se oye el agua.
—Jefe —dice Will—, allí, detrás de esos árboles, el río tiene poca agua. Es un vado. En el vado, el agua te llega a media pierna, no más. Y al otro lado del vado, entre los árboles, está la casa del fraile.
Robin mira el río. Después mira su ropa bonita.
—¿Tengo que pasar por el agua? —dice—. ¿Con esta ropa? —Pero después se ríe—. Bueno. El agua no se come a nadie. Ustedes se quedan aquí. Este fraile es para mí.
—¿Vas solo, jefe? —dice Juan.
—Voy solo. Pero una cosa más. —Robin pone la mano en su cuerno—. Si oyen mi cuerno tres veces, vienen rápido. Tres veces quiere decir: problemas.
—Tres veces —dice Juan—. Ya sabemos, jefe.
Robin sigue solo por el camino, al lado del río. Detrás de él, los árboles esconden a sus hombres.
Entonces Robin para. Oye algo. Son voces. Dos hombres hablan, allí abajo, cerca del agua. Pero las dos voces son iguales. Muy, muy iguales.
«¿Dos hombres con la misma voz?», piensa Robin.
Sin hacer ruido, Robin se tira al suelo, al lado del camino. Desde allí mira hacia abajo, hacia el agua.
Allí abajo hay dos voces. Pero Robin mira bien, y ve a un solo hombre.