Capítulo 1
Heidi sube a la montaña
Heidi sube por el camino de la montaña con dos vestidos, uno arriba del otro. Y arriba de los dos vestidos, una cosa roja y caliente. De esas que se ponen para el frío.
Es junio. Hace mucho calor y el sol está muy alto.
Heidi tiene cinco años y camina despacio. Con toda esa ropa tiene todavía más calor.
Delante camina Dete. Dete es la hermana de la mamá de Heidi. Dete camina rápido y no mira atrás.
En Dörfli, a media montaña, la gente sale a las puertas.
—¡Dete! ¿A dónde vas con la niña?
—Arriba —dice Dete—. Con el Viejo de la Montaña.
Y entonces nadie dice nada más. Una mujer cierra la puerta. Otra mira a Heidi y no habla. Heidi no entiende por qué nadie habla, pero mira las caras. Y nadie está contento.
Arriba de Dörfli el camino sube más. Ahí está Pedro con las cabras. Pedro tiene once años y va sin nada en los pies. Las cabras van con él, arriba y arriba entre las piedras. Heidi mira las cabras. Las cabras saltan y no llevan nada. Ni ropa, ni vestidos, ni nada.
Entonces Heidi se sienta en la tierra.
Primero deja lo rojo y caliente. Después un vestido. Después el otro vestido. Deja toda la ropa junta al lado del camino, con lo rojo arriba de todo.
Y ahora Heidi corre. Ahora Heidi salta entre las piedras, detrás de Pedro y de las cabras. Va rápido, muy rápido, porque ahora no lleva nada.
Pedro mira la ropa, abajo. Después mira a Heidi. Pedro no dice nada, pero abre mucho la boca y se ríe.
—¡Heidi! —grita Dete—. ¿Y tus vestidos? ¿Y lo rojo?
—Ahí abajo —dice Heidi.
—¡Niña! ¿Por qué? ¿Por qué?
—No quiero ropa —dice Heidi.
Dete le da dinero a Pedro. Pedro baja y sube otra vez con toda la ropa en los brazos. Dete ya no dice nada más, porque el sol está bajando y todavía hay mucho camino.
Y llegan arriba.
Arriba hay una casa pequeña y sola, con el cielo grande detrás. Al lado de la casa hay tres árboles muy viejos. El viento hace un ruido largo adentro de los tres árboles. Delante de la casa hay un hombre. El hombre está solo y no hace nada. Mira para abajo, para el pueblo, muy lejos.
Heidi va hasta el hombre y le da la mano.
—Buenas tardes, abuelo.
El hombre mira a Heidi un rato largo. Tiene el pelo blanco. No se ríe.
—¿Y esto qué es? —dice.
—Es la hija de tu hijo —dice Dete—. Y ahora la niña se queda contigo.
—¿Y qué hago yo con una niña?
—Yo tengo trabajo en Frankfurt. Yo ya no puedo. Ahora te toca a ti.
El abuelo se para. No grita. Solo levanta el brazo y mira el camino.
—Vete.
Dete se va. Baja rápido y no mira atrás. No para hasta Dörfli. Y en Dörfli la gente sale otra vez a las puertas.
—¿Y la niña, Dete? ¿Dónde está la niña?
—Arriba. Con el Viejo de la Montaña.
—¡Pobre niña! —dice una mujer.
—¡Pobre niña! —dice otra.
Dete camina más rápido. Dete no quiere oír más.
Arriba, en la montaña, el abuelo no dice nada más. Se para al lado de la casa y mira para abajo, como todos los días.
Y Heidi abre la puerta y entra sola.