Wikowí
Heidi

Capítulo 2

La casa del abuelo

El abuelo no entra detrás de ella. Se queda afuera, mirando para abajo, y no dice nada.

Heidi se pone delante de él, con las manos atrás, y espera.

—¿Qué quieres?

Quiero ver adentro.

Entonces entra.

Y nada más. Ni una palabra buena.

Adentro de la casa hay un cuarto y nada más. Una mesa. Una silla. La cama del abuelo. Y una puerta grande al lado, para la ropa y para la comida.

Heidi abre esa puerta y mira todo. Después pone su ropa adentro, atrás de todo. Así nadie va a encontrar esa ropa nunca más.

—¿Dónde duermo, abuelo?

decidesdice el abuelo, sin mirar a Heidi.

A Heidi le gusta mucho eso. Busca por todos lados. Y entonces ve que al lado de la cama del abuelo se puede subir. Heidi sube.

Arriba hay heno. Mucho heno, todo junto, alto y nuevo. Y hay una ventana pequeña, y por la ventana Heidi ve la montaña. Ve el pueblo también, muy abajo y muy lejos.

—¡Abuelo! —grita Heidi—. ¡Voy a dormir aquí! ¡Sube a ver!

Ya conozco el henodice el abuelo, abajo.

Heidi trabaja sola. Pone el heno para un lado y para el otro. Hace una cama de heno, y en un lado pone más heno todavía, para la cabeza. Después mira por la ventana desde la cama. Se ve toda la montaña. Está bien así.

Abuelo, para dormir necesito dos cosasdice Heidi—. Una para arriba del heno. Y otra para arriba de .

El abuelo no dice nada. Pero va y vuelve con algo viejo, grande y blanco. Heidi pone esa cosa arriba del heno.

Y ahora la otra cosadice Heidi.

El abuelo baja otra vez. Y vuelve con una cosa grande y caliente de su propia cama, para arriba de Heidi.

Ahora dice Heidi—. Ahora es una cama.

Después comen. El abuelo pone queso en el fuego. El queso se hace caliente y amarillo, y Heidi mira todo el tiempo. Cuando el abuelo vuelve a la mesa, la mesa ya está puesta. El pan y todas las cosas están en su lugar. Heidi ya sabe dónde está cada cosa.

Buenodice el abuelo—. piensas sola.

Le da leche de cabra. Heidi toma toda la leche sin parar y después respira fuerte.

—¿Está buena la leche?

Esta leche está muy ricadice Heidi.

El abuelo le da más leche. Heidi come el pan con el queso caliente y no habla más, porque tiene mucha hambre.

Después el abuelo trabaja afuera con las manos. Heidi mira. Y cuando Heidi mira otra vez, en las manos del abuelo hay una silla nueva. Una silla pequeña y alta, para ella. Heidi no puede hablar.

Llega la tarde. El viento entra en los tres árboles viejos y hace un ruido grande y largo. A Heidi le gusta tanto ese ruido que corre y salta entre los árboles. El abuelo mira a Heidi desde la puerta.

Entonces, de arriba, llega un ruido fuerte y largo. Es Pedro, que llama a las cabras. Y detrás de Pedro bajan todas.

Dos cabras van hasta el abuelo: una blanca y una oscura.

—¿Son nuestras, abuelo? ¿Las dos? ¿Se quedan siempre con nosotros?

, y dice el abuelo—. La blanca es Cisne. La oscura es Osita.

—¡Buenas noches, Cisne! ¡Buenas noches, Osita!

Heidi come, sube al heno y duerme.

Por la noche el viento está más fuerte. La casa se mueve. Los tres árboles hacen mucho ruido y algo cae afuera.

El abuelo abre los ojos.

La niña va a tener miedodice.

Y sube.

Heidi duerme con la cara contenta y una mano debajo de la cabeza. La luna entra por la ventana pequeña. El abuelo se queda ahí, al lado de la cama de heno, y mira a Heidi.

No dice nada. Después baja otra vez.

Y muy temprano, cuando afuera todavía es casi de noche, alguien llama.