Capítulo 12
El hijo que vuelve
La abuela le da el libro a Heidi. Ahora ese libro sube a la montaña con ella.
Y ahora, todas las noches, Heidi lee en voz alta y el abuelo escucha.
El abuelo nunca dice «lee». El abuelo pone la silla al lado del fuego y espera, y eso quiere decir «lee».
Una noche Heidi encuentra un cuento nuevo.
Es el cuento de un hijo que se va. Tiene un papá, y una casa, y comida, y todo. Pero un día pide lo suyo y se va muy lejos. Y lejos de su casa pierde todo.
Heidi lee despacio.
—Y entonces el hijo dice: «Voy a volver a la casa de mi papá.»
El abuelo mira el fuego y no se mueve.
—Y va —lee Heidi—. Y cuando todavía está muy lejos, el papá ve a ese hijo. Y el papá sale corriendo.
Heidi para y levanta la cabeza.
—Abuelo, ¿tú piensas que el papá está enojado?
El abuelo no responde.
Heidi sigue.
—«Y el papá corre hasta él y abraza a su hijo. Y dice: este hijo mío está otra vez aquí. Ya no está perdido.»
Y en toda la casa no se oye nada. Nada más que el viento en los tres árboles.
—Es un cuento bonito, ¿no, abuelo?
—Sí —dice el abuelo—. Es un cuento muy bonito.
Pero esas palabras salen muy despacio. Y después no habla en toda la noche.
Esa noche, muy tarde, el abuelo sube al heno. Se queda al lado de la cama y mira a la niña dormida. Como la primera noche. Después baja.
Y el abuelo llora. Dos veces se pasa la mano por la cara.
En la mañana Heidi baja del heno y se para con la boca abierta.
Porque el abuelo está ahí, en el medio del cuarto, con la ropa buena. Ropa oscura y vieja que Heidi nunca ve.
—¡Abuelo! ¡Nunca te veo así!
—Ponte lo tuyo —dice el abuelo—. Bajamos al pueblo.
Y bajan.
Bajan los dos juntos hasta Dörfli. El abuelo baja también las cosas del invierno. Este invierno los dos van a vivir abajo, en el pueblo.
La gente sale a las puertas. Como siempre.
Y después no pasa nada. Nadie habla. La gente mira al Viejo de la Montaña en el medio de la calle. Nadie sabe qué hacer con él.
Entonces el abuelo levanta la cabeza y dice:
—Buenos días.
Y alguien responde. Y después alguien dice su nombre. El nombre que hace años nadie dice en ese pueblo. Y otra persona dice ese nombre también. Y otra. Y de pronto hay gente que le da la mano. Y gente que quiere hablar con él. Y el Viejo de la Montaña está en el medio del pueblo, y no se va.
Heidi mira todo y no dice nada, porque hay cosas que es mejor no decir.
Ese invierno Heidi va a la escuela. Y Pedro va también, y Pedro sigue sin aprender.
—Yo no puedo —dice Pedro.
—Sí puedes —dice Heidi—. Yo también empiezo así. Y mira una cosa: si tú aprendes, le vas a leer a tu abuela.
Pedro no dice nada por un rato largo.
Y aprende. Aprende despacio y con la cara roja de trabajo, pero aprende.
Cuando se va la nieve, llega una carta.
Querida Heidi:
El invierno fue largo. Estuve enferma otra vez y casi no salí de mi cuarto. Pero ahora mi papá dice que sí.
¡Voy a la montaña en el verano! Voy a ver a tu abuelo, y a Copo, y el fuego de la montaña.
Clara
Y en el verano, una mañana, hay algo que sube por el camino de la montaña.
Algo que suben entre tres hombres.