Wikowí
Heidi

Capítulo 3

Copo no tiene a nadie

Es Pedro. Pedro llama afuera todas las mañanas, muy temprano. Hoy Heidi ya está en la puerta antes que el sol.

El abuelo le da a Pedro pan y queso para el día. Le da mucho más que otros días, porque ahora son dos.

La niña va contigodice el abuelo—. Y la niña no va a las piedras altas. ¿Me oyes?

Te oigodice Pedro.

Y suben.

Arriba de la casa la montaña se abre y se llena de flores. Hay flores azules, flores amarillas y flores rojas, todas juntas. Heidi corre de un lado para el otro y no puede parar. Pone todas las flores adentro del vestido, para llevar la montaña adentro de la casa.

—¡Heidi! —grita Pedro—. ¿Dónde estás?

—¡Aquí!

Ya tienes muchas. Si hoy te llevas todas las flores, mañana no hay más.

Heidi entiende eso muy bien. Deja las flores donde están y va con Pedro.

Arriba, al pie de las piedras grandes, Pedro se sienta en la tierra. Las cabras comen. Heidi aprende los nombres de todas. El Turco es el más grande. El Turco baja la cabeza y corre contra las otras cabras. Y las otras se van.

Y hay una cabra chica y blanca que nunca está con las otras. Se llama Copo. Copo llora.

Heidi va y le pone las manos en la cabeza.

—¿Por qué llora?

Porque su mamá ya no estádice Pedro—. Su mamá ahora es de otra familia, abajo en Maienfeld. Ya no sube más.

—¿Y su abuela?

No tiene.

—¿Y su abuelo?

No tiene.

Heidi se queda un rato con la cara al lado de la cabeza de Copo.

Yo vengo todos los díasdice Heidi—. Todos los días.

Y Copo deja de llorar.

Después comen. Pedro pone el pan y el queso en la tierra. Pedro le da leche de Cisne a Heidi. Heidi toma la leche y come un poco de pan. Después le da a Pedro el pan grande y el queso.

Toma. Yo tengo mucho.

Pedro mira el pan. Pedro mira a Heidi. Pedro no puede hablar, porque nunca nadie hace eso con él. Después come, y come, y come.

Entonces Pedro salta y corre.

Una cabra rápida y chica va hacia las piedras altas. Esa cabra se llama Pinzón. Abajo de esas piedras no hay nada. Nada de nada, hasta muy abajo. Pinzón no le tiene miedo a nada, y hoy eso es un problema. Pedro llega y agarra a Pinzón de una pata. Pero Pinzón quiere seguir, y Pedro no puede subir. Heidi llega detrás. Saca unas hojas verdes y pone las hojas delante de la cabra. Pinzón deja las piedras y come de la mano de Heidi.

Los dos llevan a Pinzón otra vez con las otras cabras.

Y entonces Pedro levanta el palo.

Pedro siempre lleva un palo largo, para las cabras. Ahora el palo está arriba. Pinzón baja la cabeza.

—¡No! —grita Heidi—. ¡Le duele!

Es una cabra.

Le duele. A ti también te duele.

Pedro no baja el palo.

Míraladice Heidi—. Ya tiene miedo. Y con el palo le duele más.

Pedro baja el palo despacio.

Entonces mañana me das tu queso.

Te doy el queso todos los días. Y el pan también, todo el pan grande. Pero nunca más el palo. Ni para Pinzón, ni para Copo, ni para ninguna cabra.

Buenodice Pedro.

Es tarde. El sol baja detrás de las montañas. Y entonces pasa algo. Las piedras altas se ponen rojas. Todo lo blanco de arriba se pone rojo. El cielo se pone rojo.

Heidi se para de un salto.

—¡Pedro! ¡Pedro! ¡Hay fuego en la montaña! ¡Fuego en todas partes!

No es fuegodice Pedro, sin moverse—. Siempre hace eso.

Después el rojo se va. La montaña se pone oscura otra vez. Heidi se sienta en la tierra, triste, porque el rojo se va y ella quiere más.

Abajo, en la casa, Heidi abre el vestido delante del abuelo y todas las flores caen. Pero las flores ya no son flores. Están cerradas y ya no tienen colores.

—¿Qué les pasa?

A las flores les gusta estar al soldice el abuelo—. No adentro de un vestido.

Abuelo. La montaña se pone roja y después se pone oscura. ¿Por qué?

El abuelo mira para arriba un rato largo.

Es el soldice—. El sol le dice adiós a la montaña. Y le deja todos sus colores.

—¿Y mañana también?

Mañana también.