Wikowí

Capítulo 1

Quince hombres

—¿A dónde vas, niño?

Robin para en el camino. Debajo de un árbol muy grande hay quince hombres. Los quince hombres comen pan y beben mucho. Son hombres del rey. Ellos cuidan el bosque de Sherwood, porque el bosque de Sherwood es del rey.

Robin tiene dieciocho años. En la mano lleva un arco. También lleva muchas flechas. Las flechas de Robin son largas y tienen plumas de pájaro. Robin viene de su pueblo, Locksley, y camina por el bosque hacia Nottingham. En Nottingham, el Sheriff hace una gran fiesta de arqueros. Los arqueros tiran flechas, y el mejor arquero gana un premio.

—Voy a Nottingham —dice Robin—. Voy a la fiesta del Sheriff. Quiero ganar el premio.

Los quince hombres se ríen. Un hombre con la boca llena de pan mira el arco de Robin. Es el primer hombre que habla.

—¿Tú? ¿Ganar el premio? —dice—. ¡Mira ese arco! Es un arco de niño. Tú no eres un arquero. ¡Tú eres un niño!

Todos los hombres se ríen todavía más. Robin tiene la cara roja, porque no le gusta cuando la gente se ríe de él.

«¿Un niño?», piensa Robin. «Yo no soy un niño.»

—Mi arco es bueno —dice—. Y yo soy un arquero. Un arquero muy bueno.

—¡Ja! —dice el primer hombre—. Aquí no hay nada para tus flechas, niño. ¿Qué vas a hacer? ¿Tirar flechas a los pájaros?

Robin mira el bosque. Lejos, muy lejos en el camino, hay unos animales grandes y bonitos. Tienen las patas largas y la cabeza alta. Uno de ellos es más grande que los otros.

—¿Ves esos ciervos, allí, lejos en el camino? —dice Robin—. Con una flecha, yo mato a ese ciervo grande.

Los hombres miran. Los ciervos están muy, muy lejos.

—Nadie tira una flecha tan lejos —dice el primer hombre.

—Yo sí —dice Robin—. Y si mato al ciervo, tú me das dinero.

—Y si no matas al ciervo, tú me das tu arco —dice el hombre—. Aquí está mi dinero. Pero tú no vas a matar ningún ciervo, niño.

Robin no responde. Pone una flecha en su arco. Levanta el arco y lleva la pluma de la flecha hasta la oreja. Los hombres ya no comen. Ahora miran.

Robin es muy rápido. Suelta la flecha, y la flecha va por el camino, muy lejos. Los hombres casi no ven la flecha.

¡PLOC!

El ciervo grande salta muy alto. Después cae, y ya no se mueve. Los otros ciervos corren al bosque.

Ya nadie se ríe.

—¿Y ahora? —dice Robin—. ¿Soy un arquero o soy un niño? Dame mi dinero.

El primer hombre se levanta. Está muy enojado, porque ahora los otros hombres miran a Robin y no a él.

—¿Tu dinero? —grita—. ¡No te doy nada! Ese ciervo es del rey. ¡Es un ciervo del rey, y ahora está muerto!

—¡Vamos a agarrar al niño! —grita otro hombre.

—No —dice otro hombre más—. Es un niño. El niño se va a su casa, y nada más.

—¡Vete, niño! —grita el primer hombre—. ¡Vete ahora, o te doy un golpe!

Robin no dice nada. Mira a los quince hombres un momento, con la cara muy seria. Después se va por el camino. Pero Robin está muy enojado. El dinero es de Robin, y todos los hombres saben eso.

El primer hombre mira a Robin. Bebe mucho, y está muy enojado. Toma su arco y pone en el arco una flecha con plumas negras.

Pero Robin no ve al hombre.

El hombre suelta la flecha, y la flecha va, rápida, hacia la cabeza de Robin.

Y Robin no ve la flecha.