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Peter Pan y Wendy

Capítulo 1

La sombra en el cajón

Todos los niños crecen. Todos menos uno.

Wendy lo sabe desde los dos años. Ese día juega en el jardín. Hay flores por todo el jardín, y le lleva una a su madre. La señora Darling se lleva la mano al pecho.

—¡Ay! —dice—. ¿Por qué no puedes quedarte así para siempre?

No dicen nada más. Pero desde esa tarde Wendy sabe que tiene que crecer. Después de los dos años, siempre lo sabes.

La familia vive en el número catorce. Son cinco: el señor Darling, la señora Darling, Wendy, John y Michael.

El señor Darling trabaja con números en la ciudad. En la mesa habla de dinero con la cara muy seria, y su mujer lo escucha en silencio. Eso es lo que él más quiere en el mundo.

La señora Darling es otra cosa. Tiene la boca dulce y, en la punta derecha de esa boca, guarda un beso. El beso está ahí. Se ve. Wendy lo mira todos los días. Pero nadie llega hasta ese beso. El señor Darling tampoco.

En esa casa no hay dinero para una niñera. Así que la niñera es una perra. Se llama Nana. Es grande y negra y muy seria, y duerme en su perrera, en el cuarto de los niños. Nana les da el baño. Los lleva de la mano por la calle y después va a buscarlos. Si uno de ellos llora, Nana sale de su perrera antes que nadie.

Al señor Darling no le gusta del todo.

Una perra de niñeradice—. ¿Qué va a pensar la gente?

Nana es un tesorodice la señora Darling.

Y lo es. En esa casa, Nana es el único tesoro.

Todas las noches, cuando sus hijos duermen, la señora Darling les pone la cabeza en orden. Es como un cajón: abajo las cosas feas, y arriba las bonitas, listas para la mañana. Todas las madres buenas lo hacen.

Una noche encuentra una palabra que no conoce. Está en la cabeza de John. Está en la cabeza de Michael. Y en la cabeza de Wendy está por todas partes, en grande, como un nombre escrito en una pared.

La palabra es Peter.

—¿Quién es Peter, mi vida? —pregunta al día siguiente.

Peter Pan, mamá. Ya lo sabes.

La señora Darling piensa. Y de muy lejos, de cuando ella era pequeña, le viene algo a la cabeza. . Un Peter Pan. Un niño que vive con las hadas. En su casa, entonces, las hadas todavía eran cosa seria. Y cuando un niño se muere, dicen, Peter Pan va con él una parte del camino. Así el niño no tiene miedo.

Pero ese niño ya es mayordice.

Nodice Wendy—. Peter Pan no crece nunca. Es igual de alto que yo.

Wendy no sabe cómo lo sabe. Lo sabe.

El señor Darling se ríe.

Cosas de la perradice—. Eso pasa solo.

No pasa solo.

Una mañana hay hojas de árbol en el suelo del cuarto de los niños. La noche antes no están ahí. La señora Darling las limpia y no dice nada. Wendy :

Es Peter otra vez. No se limpia los pies.

—¿Cómo dices?

Viene de nochedice Wendy—. Se sienta a los pies de mi cama y toca la flauta. Es una flauta muy pequeña y suena muy bajito. Yo nunca me despierto. No cómo lo , mamá. Lo .

Mi vida, nadie entra en esta casa sin llamar a la puerta.

Él entra por la ventana.

Estamos muy arriba. La calle queda muy abajo.

—¿Y las hojas? —dice Wendy—. ¿De dónde salen las hojas, mamá?

Las hojas están al lado de la ventana. Eso es verdad.

La señora Darling busca por el suelo con una luz y no encuentra nada. La calle queda muy abajo, y no hay por dónde subir.

«Wendy sueña», piensa. «Tiene que ser eso

Wendy no sueña, y la noche siguiente todos lo saben.

Es la noche que Nana no trabaja. La señora Darling les da el baño y les canta. Uno a uno le sueltan la mano y se duermen. Después se sienta al lado del fuego con una aguja y la ropa de Michael. Hace calor. La aguja se para. La cabeza de la señora Darling baja despacio.

Se duerme.

Y mientras duerme, la ventana se abre sola.

Cae un niño al suelo del cuarto. Con él entra una luz pequeña, no más grande que una mano. La luz va de un lado a otro como una cosa viva.

La señora Darling se despierta de golpe. Ve al niño y se lleva otra vez la mano al pecho. Sabe, sin preguntar nada, quién es.

Lleva hojas de árbol por ropa. Pero lo que más se ve en él es esto: todavía tiene todos sus primeros dientes. Cuando ve que ella es mayor, le enseña los dientes.

La señora Darling grita.

La puerta se abre y entra Nana, que vuelve de la calle, y salta hacia él. El niño sale por la ventana como el agua. Nana cierra la ventana de golpe, un momento tarde, y algo se corta en el aire.

La señora Darling grita otra vez, ahora por él. Baja corriendo a la calle a buscar un cuerpo pequeño en el suelo. No hay ninguno. Mira arriba, y en la noche negra solo ve una estrella que se mueve. La estrella sube, se hace pequeña y se pierde.

Cuando vuelve, Nana está de pie en medio del cuarto, muy seria, con algo en la boca.

Es una sombra.

El niño sale a tiempo. Su sombra, no. La ventana se la corta.

La señora Darling la mira contra la luz. Es negra, y en ella se ve un niño: sus brazos, sus piernas, su cabeza. La agarra con la mano y entre los dedos no hay nada.

Nana sabe qué hacer con ella. La lleva a la ventana y la deja fuera, en el aire. El niño va a volver a buscarla, y así la puede agarrar sin despertar a nadie.

Pero a la señora Darling no le gusta. Desde la calle, una sombra en una ventana parece ropa vieja. Piensa en llamar al señor Darling. Ya sabe qué va a decir: «Todo esto pasa por tener una perra de niñera».

Hay otra cosa que la señora Darling no dice en voz alta ni esa noche ni nunca. Con el tiempo, en esa casa todos van a hablar mal de Peter Pan. Ella no. Algo en la punta derecha de su boca no la deja.

Así que guarda la sombra en un cajón. Va a esperar un momento mejor.

Y ahí queda la sombra de Peter Pan, en un cajón del número catorce, entre la ropa, esperando.

El momento mejor llega el viernes siguiente.