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Pinocho

Capítulo 10

El árbol grande

La casa es blanca y está sola entre los árboles.

«Si llego a esa casa, ya no me pasa nada», piensa Pinocho.

Corre. Corre casi una hora. Detrás de él oye a los dos hombres.

Llega a la puerta y toca.

Nadie abre.

Toca otra vez, más fuerte, porque ya oye a los dos hombres muy cerca.

Nadie abre. La casa no hace ni un ruido.

Entonces Pinocho da golpes en la puerta con las manos y con los pies. Muchos golpes, para romper la madera.

Y arriba se abre una ventana.

En la ventana hay una niña. Tiene la cara muy blanca y el pelo azul oscuro. Tiene los ojos cerrados y las manos juntas. Habla con una voz tan baja que casi no se oye:

En esta casa no vive nadie.

—¡Ábreme, por favor! —grita Pinocho.

Aquí no vive nadie. Yo no vivo.

—¿ no vives? ¿Y qué haces en la ventana?

Espero a los hombres que me van a llevar.

Y la ventana se cierra. No hace ni un ruido.

—¡Niña del pelo azul! —grita Pinocho—. ¡Abre, por favor! ¡Abre! Hay dos hombres detrás de y...

No dice nada más.

Dos manos le agarran el cuello. Son los dos hombres de negro.

Ahora dice una de las dos voces—. Ahora no te vas.

Pinocho tiene tanto miedo que las piernas de madera hacen ruido, una contra la otra. Y las cuatro monedas hacen ruido otra vez debajo de la lengua.

—¿Abres la boca o no? —dicen los dos hombres—. ¿No? Muy bien. Esta vez esa boca se abre.

Sacan dos cuchillos largos y le dan dos golpes en la espalda.

Pero Pinocho es de madera buena y fuerte. Los dos cuchillos se rompen en mil partes. Los dos hombres se quedan mirando el cuchillo roto que les queda en la mano. Uno de ellos esconde la otra mano dentro de la ropa.

Ya dice uno—. Ahora solo queda colgarlo.

Colgarlodice el otro.

Le ponen una cuerda en las manos, por atrás. Le ponen otra cuerda en el cuello. Pasan esa cuerda por lo más alto de un árbol grande. Y tiran, y tiran, hasta que Pinocho queda colgado muy arriba.

Después se sientan en el suelo y esperan, porque quieren esa boca abierta.

Esperan una hora. Pinocho tiene los ojos abiertos.

Esperan dos horas. Pinocho tiene la boca cerrada.

Esperan tres horas, y las piernas de Pinocho se mueven todavía más que antes.

Entonces los dos hombres ya no quieren esperar más.

Hasta mañanale dicen, y se ríen—. Mañana volvemos, y esa boca va a estar bien abierta.

Y se van.

Pasan unos minutos. Entonces llega un viento muy fuerte. El viento mueve a Pinocho de un lado a otro. La cuerda le cierra el cuello más y más.

Pinocho ya no ve bien. Todo se pone oscuro.

Y todavía espera. Espera a alguien. A una persona buena. Mira el camino todo el tiempo que puede.

No llega nadie.

Entonces, casi sin saber qué dice, Pinocho habla en voz muy baja, para él solo:

—¡Papá! ¡Papá mío! ¿Por qué no estás aquí?

Eso es lo que dice.

Y cierra los ojos.