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Pinocho

Capítulo 11

La nariz

La niña del pelo azul vuelve a la ventana.

Mira el árbol grande. Ve al muñeco de madera ahí arriba. El viento mueve ese cuerpo pequeño de un lado a otro.

Entonces da tres golpes con las manos, uno detrás del otro.

Y llega un pájaro muy grande y se para en la ventana.

Ve al árbol grandedice la niña—. Corta esa cuerda con la boca. Y baja el muñeco al suelo, despacio.

El pájaro se va. Vuelve muy pronto.

Ya está.

—¿Y cómo está?

Ahí en el árbol parece que ya no vive. Pero cuando la cuerda se corta, el muñeco dice muy bajito: «Ahora estoy mejor

Pinocho abre los ojos en una cama.

El cuarto es pequeño y muy blanco. Al lado de la cama está la niña del pelo azul.

—¿ eres la niña de la ventana? —dice Pinocho.

Yo no soy una niñadice ella—. Soy el hada de este bosque. Hace más de mil años que vivo aquí.

Pinocho mira al hada. Después mira el cuarto blanco. Después se mira las manos: ahí están las dos.

Ahora dime una cosadice el hada—. ¿Qué pasa en ese árbol?

Y Pinocho le cuenta todo, desde el teatro hasta la cuerda.

—¿Y dónde están las cuatro monedas de oro?

Ya no tengo las monedasdice Pinocho.

Pero es mentira. Las cuatro monedas están en su ropa: alguien saca esas monedas de su boca mientras duerme.

Y mientras habla, la nariz de Pinocho crece un poco.

—¿Y dónde están ahora esas monedas?

En el bosque de aquí cerca.

Es mentira otra vez. La nariz crece un poco más.

Si están en ese bosque, vamos a buscar esas monedasdice el hada—. Aquí en el bosque todo se encuentra.

Ahora qué pasadice Pinocho—. Las monedas no están en el bosque. Están aquí dentro. Me como las monedas sin querer, con el agua.

Y es mentira una vez más.

Y con esa mentira la nariz crece. Crece, crece, crece. Crece tanto que Pinocho ya no puede darse la vuelta en el cuarto. Si mira para un lado, la nariz da contra la cama. Si mira para el otro, la nariz da contra la pared. Si levanta un poco la cabeza, la nariz llega casi hasta los ojos del hada.

El hada mira esa nariz y se ríe.

—¿Por qué te ríes? —dice Pinocho.

Me río de tus mentiras.

—¿Y cómo sabes que son mentiras?

Las mentiras se ven muy rápido, hijo. Hay mentiras de piernas cortas y hay mentiras de nariz larga. Las tuyas, hoy, son de las de nariz larga.

Pinocho quiere salir del cuarto. No puede: la nariz no pasa por la puerta.

Entonces se sienta en el suelo y llora, y llora, y llora. Llora durante horas.

El hada no dice nada. Deja llorar a Pinocho mucho tiempo, porque este niño tiene que aprender algo. Pero después ve la cara de Pinocho, blanca de miedo. Y da otra vez tres golpes con las manos.

Y por la ventana entran mil pájaros pequeños. Se paran todos en la nariz de Pinocho y empiezan a comer. Comen y comen, y en unos minutos la nariz vuelve a ser la de antes.

Qué buena eresdice Pinocho, y se pasa la mano por los ojos.

Y , ¿quieres quedarte aquí conmigo? Yo soy tu hermana y eres mi hermano.

Yo me quedo con gusto. Pero mi pobre padre...

Eso ya está. Tu padre viene esta noche.

—¿De verdad? —dice Pinocho, y salta de contento—. Entonces voy por el camino a buscar a mi padre. Quiero darle un beso a ese pobre viejo lo antes posible.

Ve, pero cuidado con el camino. Toma el camino del bosque. Por ahí llega tu padre.

Pinocho sale corriendo.

Entra en el bosque y corre entre los árboles. Corre feliz por primera vez en muchos días.

Y cuando llega al árbol grande, se para.

Porque debajo del árbol grande hay dos caras conocidas.