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Pinocho

Capítulo 17

Mecha

Pinocho promete estudiar y ser bueno. Y esta vez habla en serio.

Va a la escuela todos los días. Trabaja. Aprende. Cuando el año se va, Pinocho es el primero de todos. El hada está tan contenta que le dice:

Mañana pasa esa cosa que quieres.

—¿Qué cosa?

Mañana dejas de ser un muñeco de madera. Si eres bueno, mañana vas a ser un niño de verdad.

Pinocho está tan contento que no para de saltar. Quiere una fiesta con todos sus amigos en la casa. El hada dice que : doscientos vasos de leche caliente y cuatrocientos panes.

Ve a llamar a tus amigosdice el hada—. Pero vuelve antes de la noche. ¿Entiendes?

En una hora estoy aquí.

Cuidado, Pinocho. Los niños prometen muy fácil y después no hacen nada.

Yo no soy como los otros. Yo hago lo que digo.

En una hora Pinocho llama a todos sus amigos.

Pero hay uno que no está en su casa: Mecha. Le dicen así porque es largo y tiene la cara triste. Es el niño más malo de la escuela y el que menos trabaja. Y Pinocho quiere a Mecha más que a nadie.

Pinocho va tres veces a la casa de Mecha, y Mecha no está. Después encuentra a Mecha al lado de un carro viejo, escondido en lo oscuro.

—¿Qué haces ahí?

Espero las doce de la noche para irme.

—¿Y a dónde?

Lejos. Muy lejos.

—¿No sabes qué pasa? Mañana dejo de ser un muñeco. Mañana soy un niño de verdad, como .

Qué bueno para ti.

—¿Vienes mañana a mi fiesta?

Yo me voy esta noche.

—¿Y a dónde vas?

Al mejor país del mundo. Se llama el País de los Juguetes. ¿Por qué no vienes ?

—¿Yo? No.

Estás perdiendo la vida, Pinocho. ¿Dónde vas a encontrar un lugar mejor para nosotros dos? Ahí no hay escuelas. No hay libros. Nadie te dice qué hacer. Aquí hay un solo día a la semana sin escuela. Ahí no hay escuela ningún día. Las vacaciones empiezan el uno de enero y siguen hasta el treinta y uno de diciembre.

—¿Y qué se hace todo el día?

Se juega. De la mañana a la noche se juega. Y al otro día se empieza otra vez.

Pinocho mueve la cabeza despacio.

Nodice—. No, no y no. Yo le prometo a mi hada ser bueno, y yo hago lo que digo. Ya se va el sol y yo me voy. Adiós.

—¿A dónde vas tan rápido?

A mi casa. El hada me espera antes de la noche.

Espera dos minutos.

—¿Y si el hada se pone mal conmigo?

Se pone mal y después ya estádice Mecha.

Escucha una cosa. ¿De verdad en ese país no hay escuelas?

Ni una.

—¿Ni un solo señor con un libro?

Ni uno.

—¿Y nunca hay que estudiar?

—¡Nunca, nunca, nunca!

—¡Qué país! —dice Pinocho—. ¡Qué país tan bueno!

—¿Por qué no vienes?

Hablas y hablas. Yo prometo, y yo hago lo que digo.

Pinocho camina un poco hacia su casa. Mira hacia atrás.

—¿Y de verdad no hay ni un día de escuela en todo el año?

Ni uno.

—¡Qué país! —dice Pinocho otra vez.

Y no se mueve, porque los pies ya no quieren ir a su casa.

—¿Cuándo te vas?

Dentro de dos horas.

Qué mal. Si es dentro de una hora, te espero.

—¿Y el hada?

Ya es muy tarde. Una hora más ya no cambia nada.

La noche se pone más oscura.

Y entonces, muy lejos en el camino, se ve algo en lo oscuro. Y con esa cosa llega un ruido pequeño.

Ahí estádice Mecha, y se para de un salto.

—¿Qué cosa? —dice Pinocho, muy bajito.

El carro que me lleva. Y ahora: ¿vienes o no vienes?

—¿De verdad que ahí los niños nunca estudian?

—¡Nunca, nunca, nunca!

Pinocho mira eso que viene por el camino.

Voydice.