Capítulo 19
Las orejas
Porque ahí, donde antes Pinocho no tenía nada, ahora hay una oreja.
Y no es una oreja pequeña. Es larga. Es tan larga como su mano, y tiene pelo.
Pinocho se toca el otro lado de la cabeza. La otra oreja es la misma cosa.
Hay que decir una cosa aquí. Cuando Gepeto hace a este muñeco, no le hace orejas. Pinocho nunca en su vida tiene orejas.
Estas son las primeras.
Pinocho busca algo para mirarse. En el cuarto no hay nada. Entonces llena un jarro de agua, pone el jarro en el suelo y mira adentro.
Y ve lo que no quiere ver nunca.
En el agua del jarro hay una cara con dos orejas de burro.
Pinocho empieza a llorar, porque esas orejas no se van con la mano. Llora y grita y se da con la cabeza contra la pared. Y mientras más grita, más largas se hacen las orejas, y más pelo tienen.
Entonces alguien toca la puerta.
—Abre —dice una voz de afuera—. Soy Mecha.
Pinocho no quiere abrir, porque nadie puede verlo así. Pero Mecha toca y toca. Al rato Pinocho busca un trapo y se hace un gorro. Se pone el gorro bien abajo, hasta los ojos. Después abre.
Y ahí está Mecha, en la puerta, con un trapo blanco en la cabeza. Le llega hasta la nariz.
Los dos se miran.
—¿Cómo estás, Pinocho? —dice Mecha.
—Muy bien. ¿Y tú?
—Muy bien.
—¿De verdad?
—De verdad.
Los dos se quedan sin hablar un momento.
—¿Y esa cosa en tu cabeza? —dice Pinocho.
—Es por el pie. Tengo un pie mal, y así el pie se pone bien. ¿Y tú?
—Lo mismo. Un pie.
Pinocho no sabe qué más decir. Entonces dice:
—Mecha, entre amigos no hay que hablar así.
—Tienes razón.
—Entonces dime la verdad. ¿A ti también te pasa algo en las orejas?
—Sí. ¿Y a ti?
—Sí.
—Entonces vamos a verlo juntos.
—Vamos.
—Uno.
—Dos.
—Tres.
Y los dos se sacan el trapo de la cabeza al mismo tiempo.
Los dos tienen dos orejas de burro, largas y con pelo.
Y pasa una cosa muy fea: los dos se ríen. En lugar de llorar, los dos se ríen. Se ríen uno del otro y se ríen de sí mismos. Se ríen tanto que no pueden parar.
Pero de pronto Mecha para de reírse. Se pone blanco. Se agarra de la pared con las dos manos.
—¡Pinocho! ¡Ayúdame! —dice.
—¡No puedo!
Porque Pinocho también se agarra de la pared. Y en ese momento los dos se caen. Caen con las manos y los pies en el suelo.
Y no son manos. Son patas.
Pinocho quiere hablar. Quiere decir «Mecha, ¿qué nos pasa?».
Pero de su boca no sale ninguna palabra.
De su boca sale esto:
—¡IA! ¡IA! ¡IA!
Y de la boca de Mecha sale lo mismo.
Los dos tienen la cara larga. Los dos tienen pelo en todo el cuerpo. Y los dos tienen, atrás, una cola. Una cola de burro, larga, con pelo en la punta. Y esa cola se mueve sola.
Entonces alguien toca la puerta.
—Soy yo —dice una voz muy dulce desde afuera—. Soy el Hombrecito. Abre la puerta, Pinocho.