Capítulo 20
El burro
Hay que decir aquí en qué trabaja el Hombrecito de Mantequilla.
Su trabajo es este. Va por el mundo con su carro. Busca a los niños que no quieren estudiar. Les habla con esa voz dulce y lleva a esos niños al País de los Juguetes. Ahí los niños juegan cinco meses. Y cuando los niños se hacen burros, el Hombrecito vende esos burros y gana mucho dinero.
Hace años que trabaja así. Nadie para a ese hombre. Nadie le dice nada. El Hombrecito de Mantequilla es un hombre rico y contento, y sigue así hasta hoy.
Un hombre del campo compra a Mecha, porque su burro se muere el día antes.
Un hombre del circo del pueblo compra a Pinocho.
En el circo, Pinocho aprende a caminar en dos patas y a bailar. Aprende a saltar por arriba de una cuerda. Y aprende con golpes, porque cada vez que no sale bien hay golpes.
Una noche el circo está lleno de gente.
Pinocho sale al medio, con la cabeza baja. Camina. Baila. La gente se ríe y le tira cosas de comer.
Y entonces mira para arriba y ve a una señora.
La señora tiene una cadena de oro en el cuello. De esa cadena cuelga una cosa con un muñeco de madera pintado adentro. La cadena se mueve y el oro se ve desde lejos.
Pinocho mira ese muñeco. Después mira la cara de la señora.
Y ve el pelo azul.
Pinocho quiere gritar «¡Mamá! ¡Mamá mía!». Abre la boca todo lo que puede.
Y de su boca sale un ¡IA! tan largo y tan feo que toda la gente se ríe.
La señora se va del circo, porque no quiere ver más.
Después el hombre del circo levanta la cuerda muy alto y dice:
—¡Y ahora, señores, este burro salta!
Pinocho salta una vez y pasa. Salta dos veces y pasa. Salta tres veces y pasa.
La cuarta vez, las patas de atrás dan contra la cuerda.
Pinocho cae al suelo y no se puede parar.
Los hombres del circo llevan a Pinocho atrás. Un hombre le mira la pata y dice:
—Este burro va a estar así toda su vida.
—¿Y para qué quiero un burro que no camina? —dice el hombre del circo—. Aquí no se queda.
Y nadie quiere comprar un burro que no camina.
Pero llega un hombre y mira al burro mucho tiempo.
—¿Qué pides por ese burro? —dice.
—Cuatro monedas.
—Cuatro monedas —dice el hombre—. Yo no compro este burro para el trabajo. Compro la piel. Tiene la piel fuerte y buena, y en mi pueblo hacemos tambores. Con esta piel hago un tambor muy bueno. Un tambor grande.
Y así, por cuatro monedas, Pinocho cambia de manos otra vez.
El hombre lleva al burro hasta el mar, arriba de una piedra alta.
Ahí le pone una piedra en el cuello. Después le pone una cuerda larga en una pata de atrás. El hombre tiene la otra punta de la cuerda en la mano.
Y tira al burro al agua.
El hombre se sienta en la piedra alta, con la cuerda en la mano.
Espera cincuenta minutos, porque un burro no se muere en un momento.
Debajo del agua pasa esto. Vienen los peces, muchos peces con hambre, y se comen todo el burro. Se comen la piel y las orejas y la cola. Y debajo del burro está la madera.
Después el hombre empieza a tirar de la cuerda. Tira y tira, y del agua sale...
No sale un burro.
Sale un muñeco de madera, vivo, que se mueve y habla.
El pobre hombre no entiende nada.
—¿Y mi burro? —dice.
—Su burro soy yo —dice Pinocho, y se ríe.
—¿Tú?
—Yo.
—¿Y quién te hace esto?
—El agua del mar hace cosas así a veces —dice Pinocho, muy serio—. Pero yo le digo la verdad. Debajo del agua hay muchos peces, y esos peces tienen hambre. Y los peces se comen todo el burro. Se comen la piel y las orejas y la cola. Y debajo del burro estoy yo.
El hombre mira con la boca abierta. Y mientras mira, Pinocho se saca la cuerda de la pata. Salta al agua y sale nadando.
Nada y nada. Ya es de día. Y a lo lejos ve una piedra blanca en el medio del mar. Arriba de esa piedra hay una cabra.
Es una cabra pequeña. Y esa cabra tiene el pelo azul.
Pinocho nada hacia la piedra blanca todo lo que puede. Ya está cerca. Ya casi llega.
Y entonces el agua se abre detrás de él.
Sale una cabeza muy grande, con la boca abierta y con muchos dientes largos.
Es el Pez Terrible.