Capítulo 8
La casa del camino
Caminan hasta la tarde. Llegan a una casa grande al lado del camino, donde la gente come y duerme.
—Aquí paramos un poco —dice el zorro—. Por la noche seguimos, porque tenemos que estar en el Campo de los Milagros muy temprano.
El gato come treinta y cinco veces y después pide cuatro veces más. El zorro dice que está enfermo y que casi no puede comer. Después se come un animal grande y doce pájaros. Pinocho pide un poco de pan, pero no come nada. Está pensando en el Campo de los Milagros.
—Danos dos cuartos para dormir —le dice el zorro al hombre de la casa—. Y llámanos a las doce de la noche.
—Sí, señor —dice el hombre de la casa. Y mientras habla, mira al zorro y cierra un ojo.
A las doce el hombre de la casa toca la puerta de Pinocho.
—¿Y mis amigos? —dice Pinocho.
—Tus amigos ya no están. Se van a las diez de la noche. El gato tiene una carta muy triste sobre su hijo.
—¿Y pagan la comida?
—¡Ellos! Ellos son gente muy buena. Nunca te van a hacer una cosa así. Te dejan a ti el gusto de pagar.
—Qué mal —dice Pinocho—. Ese gusto me hace muy feliz.
Pinocho paga con una moneda de oro, porque los otros dos no pagan nada. Le quedan cuatro. Y sale al camino, de noche, hacia el Campo de los Milagros.
Afuera está tan oscuro que Pinocho camina con las manos delante, porque no ve el camino. No se mueve ni una hoja.
Entonces ve algo pequeño y blanco en un árbol.
—¿Quién eres?
—Soy el grillo que habla. El grillo que tú matas con el martillo.
Pinocho no dice nada.
—Vuelve a tu casa —dice el grillo—. Dale las cuatro monedas a tu pobre padre. Hace días que llora por ti.
—Mañana mi padre va a ser rico. Estas cuatro monedas van a ser dos mil.
—Los que te prometen mucho dinero por nada son ladrones, hijo.
—Yo quiero seguir.
—El camino no es bueno de noche. Hay ladrones.
—Yo quiero seguir.
—Los niños que siempre hacen lo que quieren pagan por eso, tarde o temprano. Buenas noches, Pinocho. Cuidado con los ladrones.
La cosa blanca ya no está. El camino se pone negro otra vez.
Pinocho camina. «Los ladrones no son de verdad», piensa. «Los padres hablan de ladrones para dar miedo a los niños que quieren salir de noche.»
Entonces oye un ruido pequeño entre las hojas, detrás de él.
Se da la vuelta.
Y ahí, en el camino oscuro, hay dos hombres todos de negro.